Del Homo Sapiens al Homo ludens

Por : Comunicacion Eventos

La historia de la especie humana ha estado llena de grandes avances que la han llevado de ser grupos nómadas sin mayor identidad, hasta las grandes civilizaciones del inicio de la historia, y la gran civilización global que conformamos –con más o menos éxito- en la actualidad.

Y es que antes de esos siete mil años de civilización, que iniciara con la escritura sumeria, tuvieron que pasar un cuarto de millón de años para que nuestra especie, Homo sapiens, fuera capaz de crear un lenguaje, música, estructuras sociales, mitos y cosmogonías que le permitiera crear diversas culturas a lo largo y ancho del orbe, culturas que devinieron civilizaciones.

Sabemos que Homo sapiens es, evolutivamente, superior a sus antecesores (Neanderthal, Cro-Magnon, Homo habilis y Homo erectus, entre otros), y que esta superioridad evolutiva es resultado tanto de una selección natural como del conjunto de habilidades cognitivas que resultaron de generaciones tras generaciones de aprendizaje.

¿Y qué es entonces el Homo ludens? El término no se refiere, como pudiera pensarse de antemano, a una cuestión evolutiva, sino a una cuestión social, y además es un término acuñado muy recientemente, apenas en 1938 por el holandés Johan Huizinga.

¿A qué se refiere este término? Debemos recordar que, a lo largo de la historia de la humanidad, las diversas civilizaciones se enfocaron en el comercio y la guerra; imperios tan antiguos como el sumerio, el egipcio, el chino o el hindú generaron grandes riquezas a través del comercio, y cuando este ya era intenso y extenso, aumentaron su dominio territorial a través de guerras expansionistas, modelo que dos milenios después seguirían los romanos.

Pues bien, en el esquema económico y social de estos imperios, el tiempo libre era un bien muy valioso que solamente era propiedad de unos cuantos: aquellos ricos dueños de esclavos que podían destinar largas horas cada día al ocio y a la recreación, mientras que la gente pobre, los obreros y los esclavos prácticamente no conocían el descanso.

Y este esquema, pese a los cambios de régimen (imperial, monárquico, burgués, etc.) se mantuvo prácticamente sin cambios hasta bien entrado el siglo XIX. Con el auge de la Revolución Industrial primero, y de la producción en masa después, cada vez se necesitaron más obreros, pero esta mano de obra mal pagada y explotada comenzó a organizarse en sindicatos para reclamar sus derechos, y es así como esa clase obrera, por primera vez en la historia, además de poder tener un salario digno, se hace con el derecho, también de gozar de tiempo libre y de ocio.

Esta situación, que pudiera parecer tan simple, trajo profundos cambios en la humanidad: por primera vez el Turismo se masifica, el ser humano recibe una nueva dignidad, y parte de esta se centra en el derecho a ser más que un obrero o cabeza de familia: por primera vez el ser humano es capaz de divertirse, de jugar, ese es el significado de Homo ludens: hombre que juega.

Y no es poca cosa, pues con el paso de los años, los investigadores se dan cuenta que ese aspecto lúdico que comenzó a permear a la sociedad, es algo que le permite al ser humano aprender a socializar, cuando es pequeño, en jardines de niños; que le permite generar un sentido de pertenencia a un grupo cuando niño y adolescente, y le permite, en fin, ser parte de una sociedad más allá de sus derechos y obligaciones.

En nuestros días, menos de un siglo después de la publicación del libro de Huizinga, no podríamos imaginarnos a la sociedad sin jardines de niños, sin adolescentes (la adolescencia es un concepto también muy reciente, de la década de 1950), sin actividades de ocio y recreación, y tantas otras cosas que hoy tomamos por sentadas.

 

Raúl H. Magaña Porras

Coordinador Académico de las áreas de Negocios, Hospitalidad y Ciencias Sociales

UVP Tehuacán

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