Mtro. Enrique de Jesús Garduño Gómez
Hace unas semanas era publicado en redes sociales uno de esos instrumentos que, actualmente, son tan populares entre los jóvenes para difundir algún tipo de información: un meme. Sin embargo, este no causaba risa, sino preocupación: México es un país que se identifica a sí mismo como temeroso de la ciencia, prefiriendo vivir en la ignorancia.
¿Por qué pasa eso? Muchas pueden ser las causas para una conducta tan reveladora de las limitantes de esta sociedad. Un modelo educativo basado en muchos modelos educativos, sin contexto y sin conexión con las necesidades de los pobladores; un enorme índice de dificultades para acceder a educación de calidad, encarecimiento de los elementos básicos para el desarrollo científico, pero sobre todo pensamientos colectivos que han pervivido muchas décadas y que al presente se revelan como murallas casi insalvables: la tradición de los pueblos, la influencia política y el papel de la religión.
Pero, cosa extraña, México es también uno de los grandes productores científicos de nuestros tiempos…o al menos de las últimas décadas. Mario Molina es el ejemplo perfecto. La píldora anticonceptiva procede de un derivado vegetal hallado por un mexicano, Luis Miramontes. Julieta Fierro, investigadora y astrónoma de alta importancia mundial, es mexicana. Y así infinidad de personalidades.
¿Qué debemos hacer? Perder el miedo a la ciencia, al conocimiento. Perder el miedo al señalamiento por pensar diferente que el resto de nuestros compatriotas. Si bien nos encontramos ante situaciones críticas (la pandemia, un gobierno con resultados nulos y una población obnubilada por ese mismo gobierno) es necesario que la población que se dedica a la ciencia levante su voz, y eso incluye a los estudiantes, porque se encuentra en juego el progreso y la realización de nuestro país.
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