
Las ballenas grises del Pacífico atraviesan uno de los momentos más críticos de las últimas décadas. Investigaciones publicadas durante 2025 y 2026 por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA Fisheries) y diversos grupos internacionales de investigación revelan que el rápido calentamiento del Ártico está alterando gravemente la disponibilidad de alimento para esta especie. El deshielo provocado por el cambio climático reduce la producción de organismos que viven en el fondo marino, principal fuente de alimento de las ballenas durante el verano, provocando que miles de ejemplares lleguen debilitados a su migración anual entre Alaska y Baja California Sur, México.
El monitoreo de la especie es realizado principalmente por científicos de NOAA Fisheries, en colaboración con el programa Gray Whale Research in Mexico, investigadores de universidades estadounidenses y canadienses, además de especialistas que trabajan en las lagunas de reproducción de San Ignacio, Ojo de Liebre y Bahía Magdalena, en Baja California Sur. Desde hace décadas, estos equipos realizan censos poblacionales, monitorean nacimientos de ballenatos, utilizan drones para evaluar la condición física de los animales y registran su migración mediante estaciones de observación ubicadas en Granite Canyon, California, una de las series de monitoreo más largas del mundo para mamíferos marinos.
Los resultados obtenidos durante los últimos años son preocupantes. NOAA estima que la población de la ballena gris del Pacífico oriental pasó de aproximadamente 27 mil ejemplares entre 2015 y 2016 a cerca de 13 mil individuos en 2025 y 2026, lo que representa una reducción cercana al 50 % en apenas una década. Paralelamente, el número de crías registradas ha alcanzado los niveles más bajos desde la década de 1990, lo que indica que las hembras cuentan con menos reservas de energía para reproducirse debido a la escasez de alimento.
Los investigadores explican que el problema comienza en el Ártico. Las ballenas grises se alimentan principalmente de pequeños crustáceos llamados anfípodos, que habitan en los sedimentos del fondo marino. Estos organismos dependen de las algas que crecen bajo el hielo marino. Sin embargo, al disminuir la cobertura de hielo por el aumento de la temperatura global, también disminuye la cantidad de alimento disponible para estos crustáceos. Como consecuencia, las ballenas encuentran menos recursos para acumular la grasa necesaria antes de emprender una migración de más de 16 mil kilómetros, una de las más largas del reino animal.
La falta de alimento no es la única amenaza. Los especialistas también han identificado un aumento en las colisiones con embarcaciones, enredos en artes de pesca, contaminación por microplásticos, floraciones de algas nocivas y derrames de petróleo. Incluso, debido a la búsqueda desesperada de alimento, cada vez es más frecuente observar ballenas permaneciendo por más tiempo cerca de las costas de California, donde aumenta el riesgo de accidentes con barcos. En respuesta, durante 2026 se comenzó a implementar en la bahía de San Francisco un sistema de inteligencia artificial denominado WhaleSpotter, capaz de detectar ballenas en tiempo real para alertar a las embarcaciones y reducir las colisiones.
Ante este panorama, organizaciones ambientales solicitaron en 2025 que la ballena gris del Pacífico oriental vuelva a ser incluida dentro de las especies protegidas por la Ley de Especies en Peligro de Estados Unidos (Endangered Species Act), argumentando que el cambio climático está acelerando la disminución de la población y dificultando su recuperación natural. Aunque la especie aún no ha sido reclasificada, los científicos advierten que, sin acciones contundentes para frenar el calentamiento global y proteger sus zonas de alimentación y migración, la recuperación será cada vez más complicada.
Los investigadores coinciden en que esta no es una crisis pasajera, sino una evidencia clara de cómo el cambio climático está transformando los ecosistemas marinos. La supervivencia de la ballena gris dependerá de las medidas de conservación que se implementen durante los próximos años y de la capacidad mundial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Más que una tragedia para una sola especie, su declive representa una señal de alerta sobre el profundo impacto que el calentamiento global ya está teniendo en los océanos del planeta.
Referencias bibliográficas
- NOAA Fisheries. (2026). Gray Whale Population Abundance.
- Gray Whale Research in Mexico. (2025). Concern for the Future of Gray Whales.
- Polar Journal. (2025). Gray whales face food shortages as the Arctic warms.
- The Guardian. (2026). Pacific gray whales facing catastrophic die-off as climate crisis hits food supply.
- San Francisco Chronicle. (2025). West Coast whale population plunges to lowest level since 1970s.
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