
Científicos e ingenieros de diversos centros internacionales han dado un paso gigante hacia un futuro energético más ecológico y económico con el desarrollo de baterías basadas en agua, capaces de almacenar energía a gran escala sin usar químicos peligrosos ni materiales escasos como el litio.
Estos avances se basan en dos enfoques principales. El primero, las «flow batteries» o baterías de flujo acuoso, destacan el uso de sales comunes (como sal de mesa) en lugar de electrolitos orgánicos inflamables. La empresa neerlandesa AQUABATTERY desarrolló el sistema con agua salada más grande de Europa en Delft y ganó el premio EUSEW 2025 por su innovación. Esta tecnología permite almacenar energía renovable de forma segura, evitando riesgos de combustión y reduciendo la dependencia de litio o vanadio.
Por su parte, equipos de la Monash University (Australia) han mejorado celdas domésticas de flujo acuoso usando una membrana ultraselectiva, lo que permite una carga más rápida y más ciclos, acercándolas al desempeño de baterías de litio tradicionales. Esto abre la puerta a sistemas compactos para hogares, integrados con paneles solares, a un costo significativamente menor.
Investigadores de RMIT University (Melbourne) han logrado equilibrar la densidad energética con la seguridad, creando versiones recargables que, aunque por ahora en prototipos, duplican la densidad de baterías de plomo-ácido, ofrecen largas vidas útiles y una huella ambiental mínima. Estas baterías funcionan con magnesio o zinc, materiales abundantes, y utilizan agua como electrolito, eliminando el riesgo de incendios o explosiones.
La relevancia de estas innovaciones es inmensa. Según los expertos, estas baterías podrían reemplazar a las tradicionales en redes eléctricas (con flujos de 10 MWh o más), almacenes domésticos y respaldo de energía renovable, con ciclos de vida de cientos a miles de cargas y mantenimiento mínimo .
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