
Después de más de un siglo de prohibición, el río Sena en París ha sido reabierto oficialmente para que las personas puedan nadar en él. Este evento marca un momento histórico no solo para la capital francesa, sino también para la relación entre las grandes ciudades y sus cuerpos de agua. La última vez que se permitió nadar en el Sena de forma libre fue en 1923, cuando las autoridades prohibieron esta práctica debido a la grave contaminación y razones de orden público. Desde entonces, aunque el río ha sido símbolo cultural y turístico de París, se consideraba inviable para actividades acuáticas recreativas por el alto nivel de residuos y bacterias.
Durante décadas, el Sena fue víctima del crecimiento urbano descontrolado, el vertido de aguas negras y desechos industriales. Hacia mediados del siglo XX, su ecosistema estaba prácticamente muerto, albergando solo unas pocas especies de peces y con una calidad de agua calificada como insalubre. Sin embargo, el cambio comenzó a gestarse con mayor fuerza en los últimos años, motivado principalmente por los Juegos Olímpicos de París 2024. Desde 2016, el gobierno francés emprendió un ambicioso plan de saneamiento del Sena, invirtiendo más de 1,400 millones de euros en infraestructuras que permitieran limpiar el agua, recolectar aguas residuales correctamente y evitar que se vertieran al río.
Entre las obras más destacadas está un enorme tanque subterráneo, de más de 30 metros de profundidad y 50 metros de ancho, capaz de retener aguas pluviales durante tormentas intensas y evitar que la basura llegue directamente al río. Además, se conectaron miles de viviendas parisinas al sistema de alcantarillado, se modernizaron plantas de tratamiento y se establecieron controles bacteriológicos diarios para monitorear la calidad del agua.
El 5 de julio de 2025, las autoridades parisinas anunciaron la reapertura de tres zonas específicas del Sena para nadar: Bras Marie, frente a la isla de San Luis; Grenelle, cerca de la Torre Eiffel; y Bercy, junto a la Biblioteca Nacional. Estos espacios están vigilados por socorristas, cuentan con señalización y capacidad limitada, y funcionan bajo un sistema de banderas que indica si el agua es apta para el baño ese día. Además, otras 14 áreas cercanas en los ríos Sena y Marne ya han sido habilitadas para el uso público durante este verano.
La reapertura del Sena representa un hito ecológico y urbano. Hoy, el río alberga entre 30 y 40 especies de peces, su agua cumple con el 91 % de los estándares europeos de salubridad, y se espera que miles de parisinos y turistas disfruten del baño hasta el 31 de agosto, fecha límite establecida por la ciudad. Si bien algunas personas se muestran cautelosas por la memoria de su antigua contaminación, las autoridades aseguran que los controles sanitarios son rigurosos y que se trata de un legado duradero de los Juegos Olímpicos.
Este acontecimiento demuestra que, con voluntad política, inversión y participación ciudadana, incluso un río considerado “muerto” puede volver a la vida. París no solo celebra el regreso del baño al Sena, sino que se posiciona como ejemplo mundial de recuperación urbana sostenible.
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